el blog de bubastis

domingo, septiembre 04, 2005

El Espíritu del Vino

Carlos Barral hizo un fantástico prólogo para La Leyenda del Santo Bebedor de Joseph Roth (Ed. Anagrama. 1981). Por su lucidez y calidad transcribo fragmentos de dicho prólogo:

"Me he acostumbrado a no beber, a sabiendas y con el consuelo de que es decisión transitoria; pero no me he acostumbrado a tolerar a los abstemios dogmáticos, a esas gentes que, no saben por qué, ser alegran de que uno no beba e ignoran que la embriaguez alcohólica, controlada hasta donde sea posible, es un método de conocimiento cultural y de interpretación del mundo en general, absolutamente imprescindible.

Los que no han bebido nunca sabrán no podrán saber jamás come è fatto il sapere, al decir de Leopardi, ni que clase de animal de artificio somos los hombres desde aquel remoto viaje del dios Dionisos a las lejanísimas tierras del Indo.

Hay abstemios de nación que pasarán por este mundo [...] sin comprender que el vino es uno de los elementos principales que nos separa de la zoología y que ha dotado de noble extravagancia a unas tradiciones de conducta que, sin la ayuda de Baco, serían aún más esclavas de la humillante tiranía de la lógica.

[Los abstemios] Son, en general, gentes dignas de lástima [...] Son como la gente que enferma al sol y seguramente están mutilados de toda sensibilidad religiosa. Pero deben ser conscientes de que padecen una enfermedad y generalmente no practican el apostolado antialcohólico. Los apóstoles del antialcoholismo [son] siniestros conversos, cínicos frustrados que vociferan que el mundo sin alcohol es más hermoso.

Ignoran la gloria de los paraísos artificiales, el aliento de la imaginación creativa, la mitigación de las timideces y la burbuja de cordialidad y solidaridad con que el alcohol envuelve a los que lo aprecian. Me pregunto como justificarán, cuando son creyentes o piensan serlo, la función litúrgica del vino o la mitología del cáliz [...]

Todos sabemos [...] que el borracho hace hace cosas imposibles [...] ¿Quién no ha saltado de cumbre a cumbre de dos colinas lejanas? ¿Quién no ha traducido, con exactitud y gracia, de lenguas que ignora por completo? ¿Quién no ha reconicod como hermosísima a una persona que la ceguera del vulgo señala como fea? [...]

En el cuento de Roth se trata del milagro que el vino, en este caso el verde ajenjo, obra por su cuenta, con independencia del borracho; se trata de como el vino transforma el mundo [...] Se trata de cómo el vino santifica, en cierto modo diviniza [...] Se trata de cómo el vino es el milagro mismo y actúa por sí mismo, solo, por su cuenta, como una divinidad celeste con plumaje de pámpanos cuyos poderes son amétricos, incomensurables, ilegibles sino a la luz de la fe o al menos la devoción".

3 Comments:

At 5:10 p. m., Anonymous Anónimo said...

Mira que he conocido gente con mala sangre, pero tú tiras a dar. Es un golpe muy bajo. En fin, trataré de superarlo.
Quizas un pelotazo me ayude.

 
At 5:19 p. m., Blogger bubastis said...

Estoy desconcertado... En todo caso me satisface haber sugerido un pelotazo. ¡Salud!

 
At 6:58 p. m., Anonymous Rosa Recoba said...

Para mi del vino de uva, el vino blanco es el más rico de los suaves, y el vino tinto de los fuertes.

Saludos,

Rosita

 

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