el blog de bubastis

jueves, mayo 26, 2005

Las Desordenadas Pasiones de John Ruskin

John Ruskin (1819-1900) fue una de las figuras culturales más relevantes del siglo XIX en Inglaterra. Crítico, poeta, economista, filósofo y pintor; fue uno de los primeros valedores de los lienzos de Turner y apólogo de los prerrafaelistas.

Sin embargo, y a pesar de la veneración que en mí despierta la labor de este erudito, de lo que pretendo hablar es de su vida amorosa.

Se casó en 1848 con la escocesa Effie Gray, si bien nunca llegó a consumar su matrimonio con ella. Muchos fueron los que pensaron que el rechazo al coito por parte del Sr. Ruskin se debía a que éste padecía impotencia; sin embargo prefiero la teoría que esgrime que, al ver por primera vez en la noche de bodas un sexo femenino, el exquisito Ruskin se horrorizó tanto que se juramentó que nunca jamás cataría tan velluda e inestética porción de cuerpo de la mujer.

Insatisfecha y confusa, la Gray no tardó en ser seducida por John Everett Millais, excelso pintor y, hasta aquel momento, buen amigo de Ruskin. La ocasión para que Effie cayera en los brazos de Millais la sirvió un retrato que éste hizo de la joven.

En vista de que se había hecho pública tan enojosa situación y de los rumores crecientes que achacaban al pobre Sr. Ruskin una severa impotencia, se solicitó la nulidad del matrimonio y se celebró uno nuevo entre Effie Gray y Everett Millais en 1855.

A pesar de esta experiencia Ruskin, solitario y cincuentón, volvió a caer enamorado. En esta ocasión de una niña de once años llamada Rose la Touche.

Ruskin esperó impaciente que la nínfula cumpliera años, y cuando llegó a los 17 le pidió la mano a sus padres, quienes se negaron a concedérsela (a pesar del consentimiento de Rose) debido al turbio triángulo amoroso del que Ruskin fue vértice unos años atrás y a las ideas ateas y progresistas del erudito británico.

Sin embargo no se rindió, cuando Rose cumplió la edad en la que podía contraer matrimonio sin contar con el permiso paterno, la voluntad de la muchacha había cambiado, en esta ocasión a causa de las profundas y casi fanáticas convicciones religiosas de Rose.

La apasionada pugna de Ruskin por el amor de la muchacha solamente la pudo interrumpir la muerte. Y es que en 1875, cuando Rose contaba 25 años, falleció víctima de la anorexia y la locura.

A consecuencia de este hecho, Ruskin perdió también la cordura, y es conocido que, en los últimos años de su vida, no solo se convirtió en un asiduo a las sesiones espiritistas con la esperanza de hablar con su Rose, sino que afirmó con vehemencia que el pintor renacentista Vittore Carpaccio había retratado a Rose la Touche, con la apariencia santa Úrsula, cuatro siglos antes del nacimiento de la ninfa.

Como colofón y con respecto a las desventuras del Sr. Ruskin, me queda lamentar no tener a mano una cómoda edición de Lolita de Nabokov, pues me consta que en dicho libro se hace referencia a este desgraciado romance.